Corazon

En contra de lo que muchas personas piensan, el amor tiene mucho más de “mental” que de “físico”.

El amor nace en la mente, se desarrolla como un deseo incontrolable y termina en una relación física (cuando es posible, claro) como una culminación de lo que nació en nuestra mente como una simple idea.

Y exactamente lo mismo pasa con las relaciones comerciales. Todo nace en nuestra mente, la idea de intentar conseguir ese cliente, el deseo que se incrementa cuanto más sabemos de él, los primeros contactos, cada vez más cálidos, y si todo va bien, el éxtasis de una relación íntima y duradera.

Y si lo vemos desde la perspectiva del cliente, nosotros no conseguiremos “entrar” en su vida mientras no “entremos” previamente en su mente. Y para eso tenemos que “enamorarle”, entusiasmarle, hacerle desear lo que tenemos (nuestros productos o servicios), querer estar cerca de nosotros. Porque eso es el juego de la seducción.

Pero ¿sabes una cosa? No debes engañar a tu cliente, lo mismo que tampoco debes intentarlo con tu pareja.

No aparentes lo que no eres, no finjas. La sinceridad es la base de las relaciones humanas, ya sean comerciales o amorosas.

Así que empieza por aceptarte como realmente eres, con tus limitaciones y tus defectos. Pero no olvides que es mejor que seas tú quien empiece poniéndolos sobre la mesa antes de que sea tu cliente o tu pareja quien se sorprenda descubriendo que no eras tan bueno ni tan perfecto como aparentabas.

¿Cómo pretendes que los demás te acepten si tú no te aceptas a ti mismo y finges ser lo que no eres?

Nadie es perfecto, ni tú, ni yo, ni tu cliente, ni tu pareja, ni tus padres, ni tus hijos, aunque a veces nos auto-engañemos pensando que si lo son.

Todos somos pobres seres humanos llenos de limitaciones. Pero recuerda que lo importante no es ser perfecto, sino ser suficientemente bueno para hacer feliz a tu cliente o a tu pareja.

¿O tú eres de los que piensa que el “tamaño importa”? Pues realmente no. Lo que importa es el tamaño del placer que eres capaz de proporcionarle a tu cliente o a tu pareja. Y el placer no siempre se mide en parámetros físicos.

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