amorSiempre he defendido la idea de que la relación con nuestros clientes potenciales en Internet es similar a una historia de amor.

El internauta nos encuentra (llega a nuestra web) por casualidad. Curiosea saltando de página en página (nos observa mirándonos de lejos) sin detenerse excesivamente, sin profundizar, y si le hemos gustado se promete volver algún día por allí pensando en encontrarnos de nuevo.

Y efectivamente, unos días más tarde vuelve a esa cita nunca concertada, aunque intuída. Y esta vez nos estudia más detenidamente, seguimos gustándole, y entonces nos sonríe, puede que incluso nos haga un guiño, lo piensa unos segundos y se lanza decididamente dispuesto a profundizar en nuestra incipiente relación.

Y la mayoría de las veces lo hace respondiendo a nuestra insinuación, más bien nuestra silenciosa invitación, para que esa incipiente relación se empiece a consolidar. Ni que decir tiene que el pretexto es la invitación a que se suscriba a nuestro Boletín prometiéndole a cambio grandes satisfacciones en el futuro (hacerle feliz).

¡Ya está hecho! El primer contacto ha sido satisfactorio y ya hemos intercambiado nuestros “números de teléfono” (direcciones de correo electrónico), lo cual nos permite poder comunicarnos libremente a partir de ahora.

Y aquí es cuando realmente comienza el romance. Un romance cuya duración es imprevisible, como no puede ser de otra forma. Un romance en el que tendremos que actuar muy inteligentemente para no correr demasiado forzando las situaciones porque podemos quemar el contacto. Pero tampoco podemos permitirnos ir muy despacio, dejar pasar demasiado tiempo entre un contacto y el siguiente, porque daremos la falsa sensación de que no nos interesa la relación y nos hemos olvidado de ella.

Este largo camino está lleno de conversaciones para conocernos mejor, confidencias a media voz, insinuaciones, propuestas concretas no siempre aceptadas a la primera… ¡el eterno juego de la seducción!

Hasta que un buen día nuestras voluntades coinciden en un proyecto común, en un deseo común, y decidimos pasar a mayores… Y esta nueva relación que acabamos de establecer se prolongará e incluso crecerá tanto como ambos lo deseemos.

Pero permíteme darte un consejo antes de terminar esta primera entrega de la “historia de amor con nuestros clientes”.

Hoy día, los clientes, los internautas, ¡las personas!, no son tan crédulas ni tan manejables como lo eran años atrás.

El mundo ha cambiado, ¡y mucho!, por obra y gracia de Internet y, sobre todo, de las Redes Sociales, y ya no es fácil engañar a nadie con absurdas “milongas”. Así que ni lo intentes, o te verás crucificado en la plaza pública (virtual) a la vista de toda la comunidad internauta, y tu reputación on-line quedará destrozada en cuestión de horas después de haberte tachado de aprovechado (ligón) sin escrúpulos.

No olvides que tus clientes quieren “hacer el amor” contigo, no que los “violes” antes de dejarlos tirados como una colilla.

2 comentarios para “Una historia de amor con nuestros clientes (1)”

  • Hola Luis, fantástico artículo.

  • Estimada Irene: Gracias por tus elogios
    Hace falta ser una persona con mucha sensibilidad para apreciar el trasfondo de esta serie de comentarios sobre las similitudes entre las relaciones profesionales y las sentimentales. Pero, sin duda, tú lo eres.
    Un saludo muy cordial.

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