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La comunicación entre dos personas que se aman es indispensable, es una necesidad vital a la que tenemos que dar respuesta.
¿Cuánto tiempo podemos estar sin contactar con nuestra pareja? La verdad es que no mucho, aunque lógicamente eso dependerá de cada persona y sus circunstancias.
¿Acaso no has sentido nunca esa necesidad de coger el teléfono y llamar a la persona que quieres por el solo placer de escuchar su voz aunque no tengas nada especial que decirle? ¿Aunque hayais hablado hace apenas un rato?
En estos
días he terminado de leer un pequeño e-book, de apenas 70 páginas, donde bajo el título “La Sociedad de la Ignorancia” se recopilan tres ensayos que no tienen desperdicio.
Los tres ensayos, con los títulos:
La Sociedad de la Ignorancia, de Antoni Brey
La Sociedad del Desconocimiento, de Daniel Innerarity
y La Sociedad de la Incultura, de Gonçal Mayos
analizan desde distintas perspectivas la mal llamada Sociedad del Conocimiento, derivada de nuestra Sociedad de la Información, nacida al amparo de Internet y las TIC (Tecnologías de la Información y las Comunicaciones).
¿No te ha pasado alguna vez, antes de una cita con la persona a la que quieres conquistar, que te has visto dominado por la presión psicológica del momento? Seguro que sí, porque eso nos ha pasado a todos.
Es una situación similar a la que padece el comercial unos minutos antes de entrar en una reunión con el responsable de una gran compañía para intentar cerrar una una venta muy importante.
A eso se le suele llamar “miedo escénico”.
¿Cual es el mejor sitio para ligar? ¿En medio del bullicio de una manifestación o en un clima cálido y relajado, cómodo y tranquilo, con una suave música de fondo y delante de una copa?
Obviamente el segundo. Por eso, el profesional del ligue siempre elegiría un lugar de esas características para iniciar un acercamiento hacia la presa elegida. Donde él, o ella, estén tranquilos y relajados, y donde pueda apreciar todo lo que tenemos para ofrecerle.
Dice el refrán: “Lo bueno, si breve, dos veces bueno”. Y yo añadiría: “Lo sincero, si simple y claro, el doble de sincero”.
Así que no seas afectado, no presumas ni te engalanes con plumas de pavo real. Sé tu mismo, porque nadie se enamora de un maniquí que huele a falso.
En el mundo del Siglo XXI, en la Internet 2.0, nadie tiene mucho tiempo para dedicarte. Así que tendrás que enamorar a tus clientes en plan “flechazo” o no lo conseguirás, porque nadie te va a dedicar más allá de unos pocos segundos.

En contra de lo que muchas personas piensan, el amor tiene mucho más de “mental” que de “físico”.
El amor nace en la mente, se desarrolla como un deseo incontrolable y termina en una relación física (cuando es posible, claro) como una culminación de lo que nació en nuestra mente como una simple idea.
Y exactamente lo mismo pasa con las relaciones comerciales. Todo nace en nuestra mente, la idea de intentar conseguir ese cliente, el deseo que se incrementa cuanto más sabemos de él, los primeros contactos, cada vez más cálidos, y si todo va bien, el éxtasis de una relación íntima y duradera.
En una ocasión un cliente mío me preguntó: ¿Pero cómo demonios tengo que tratar a mis clientes?
Y todavía me arrepiento de no haberle dicho lo que pensaba.
Porque lo que pienso es esto:
“Enamórale y cuídale como si fuera la persona más importante de tu vida. ¡Porque realmente lo es!
No le hables sin escucharle. Escúchale primero, y después háblale de lo que le preocupa.
No te limites a oírle, ¡escúchale! Porque lo que él te diga es vital para ti.
Siempre he defendido la idea de que la relación con nuestros clientes potenciales en Internet es similar a una historia de amor.
El internauta nos encuentra (llega a nuestra web) por casualidad. Curiosea saltando de página en página (nos observa mirándonos de lejos) sin detenerse excesivamente, sin profundizar, y si le hemos gustado se promete volver algún día por allí pensando en encontrarnos de nuevo.

Branding es una palabra que está de moda en Internet, aunque su utilización no siempre es todo lo adecuada que debiera. El significado real de branding es crear imagen de marca, o dicho de otra forma, presentar un único mensaje sobre la empresa, sus productos o sus servicios.
En la era anterior a Internet, el branding requería la integración de la publicidad, el servicio a clientes, la promoción, las relaciones públicas, el marketing directo, mailings, descuentos, esponsorización, el boca a boca y otras mil formas de comunicación.


