Estimado director:
Yo soy un buen cliente, soy esa persona discreta, paciente, que siempre tiene una sonrisa amable para todo el mundo, que solo quiere disfrutar de sus vacaciones agradablemente y en un ambiente cordial.
Yo soy ese que cuando llega a la recepción del hotel para formalizar el check-in espera pacientemente a que la recepcionista termine de charlar de sus temas personales con su compañera.
Yo soy ese que cuando entra en el comedor del hotel no grita ni se enfada si el camarero pasa varias veces por delante de mí haciéndome pensar que soy invisible.
Yo soy ese que tolera impasible el malhumor de alguno de tus empleados que parecen querer pagar conmigo sus frustraciones.
Yo soy ese que llama varias veces a recepción para pedir que me cambien las toallas de mi habitación porque se olvidaron de hacerlo, pero sin levantar la voz y con un tono de comprensión y amabilidad.
Yo soy el cliente que no protesta aunque atiendan antes que a mi a otras personas que llegaron después que yo.
Yo soy ese que nunca levanta la voz ni pide el libro de reclamaciones.
Yo soy ese que jamás provoca un altercado en público.
Pero también soy el cliente más peligroso para tu negocio, porque si bien no hago nada de todas esas cosas, sí que hago otra mucho más dañina para tu futuro. Porque yo soy el cliente que nunca volverá a tu hotel.
Y no solo eso, porque también comentaré con todo mi círculo de conocidos cómo me tratasteis en tu hotel.
Y, por supuesto, también insertaré mis opiniones en las Redes Sociales que suelo frecuentar en Internet.
Y entonces ya será tarde para darme las explicaciones que antes no te molestaste en ofrecerme, porque en su momento todo podía haberse arreglado con una excusa, con una explicación, con unas palabras amables.
Porque puedo entender que todos podemos cometer un error, pero lo que no puedo admitir es que se me traté “a patadas”, como si en lugar de un cliente fuera un invitado de tercera al que le estás haciendo un favor permitiéndome alojarme en tu hotel.
Aunque no proteste, porque yo sé qué lo que más daño puede hacerte es lo que estoy haciendo, porque la bola de nieve que voy a lanzar ladera abajo puede llegar a sepultar tu negocio, porque las opiniones de los usuarios en Internet son mucho más creíbles que todas tus campañas de publicidad.
Y no me sirve de nada que ahora me digas que no te enteraste de lo que estaba sucediendo. Tu misión es precisamente estar enterado de todo. Y todavía más: formar a tu personal para que estas cosas no sucedan, así no tendrás necesidad de enterarte de ellas.
Lo siento, querido director, pero te equivocaste conmigo, confundiste mi paciencia con debilidad o estupidez.
Y yo no soy ni débil ni estúpido, simplemente soy… el cliente que nunca volverá a tu hotel.


Estimado Luis:
Me parace muy buena tu carta. Muchos clientes utilizan este sistema y así se es más efectivo. Cuando una cosa sale bien, en turismo, se lo decimos a tres personas, pero si sale mal, se lo decimos a NUEVE, como media.
Un cordial saludo.
Francisco Rivero
Es cierto pero es duro, porque aunque pretendas siempre estar al 100% con todos los clientes también es cierto que lo que para unos es magnífico para otros es un asco. Las opiniones estan bien pero tambié,n hay que saber leerlas, porque son eso, opiniones. Al cliente hay que tratarle siempre como cliente, pero tambien como AMIGO, porque es el que te ayuda a sobrevivir en tu negocio, es el que vuelve y te cuenta sus cosas, el que cuando repite lo hace casi siempre porque está a gusto con la persona, y porque a los amigos, al igual que a los clientes, hay que quererlos, comprenderlos y satisfacerlos sin pedir nada más a cambio. No se les puede dejar en un rincón para usar de vez en cuando, sino que hay que alimentarlos y estar al tanto de sus necesidades, y así seguro que podemos esperar que vuelvan, y que gracias a ellos ampliemos nuetro círculo de amigos-clientes, y cada vez sean más, y más amigos.