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Como hay gustos para todo, y también mucha gente decidida a destacar por su originalidad, por si alguien tiene interés en convertir su web en la peor de toda la red he preparado estos veinte consejos, cuya eficacia está absolutamente probada.

1) Asegúrate de que tu nombre de dominio es complejo de deletrear y difícil de recordar.
¿Por qué vas a darle facilidades a la gente para que te encuentre? Al que le interese llegar hasta tu web ya se molestará en hacerlo. Y si no lo hace, peor para él.
Además, tu web es tuya, y puedes usar el nombre que te apetezca. Al fin y al cabo, siempre te ha gustado ser original, ¿no?

Por eso, usar un nombre como www.estaesmiwebyhagoconellaloquemesaledelasnarices.com puede ser una buena idea.

2) Utiliza un alojamiento gratuito.
¿Por qué vas a pagar por lo que puedes obtener gratis? Así todos verán que eres un genio de los negocios. Y si la conexión va muy lenta, ¡que se esperen!

3) No te concentres en un único segmento de mercado.
Internet es muy grande, así que intenta llegar a cuantas más personas mejor, no importa cuáles sean sus características. Tu objetivo debe ser que cualquiera que entre en tu web, ya sea la abuela de tu amigo Carlos, el hermano pequeño de tu novia, la vecina del quinto o el imbécil de tu jefe, encuentre algo que le guste.
Además, a la web conviene darle un toque personal, así que no te cortes e incluye algunas fotos de tu perro, ese vídeo de las Spice Girls que tanto te gusta y aquella foto que te sacaron en la fiesta de Nochevieja cuando estabas borracho como una cuba.

4) Tu web debe ser divertida.
Cuantas más animaciones incluyas en tu home, mucho más alegre parecerá. Y a todas esas imágenes que vuelan de un lado a otro de tus páginas, acompáñalas con una buena ración de música. No olvides comprobar que todos tus GIF’s animados tienen un tamaño superior a 50K. Así podrás comprobar la fidelidad de tus visitantes: el que no esté dispuesto a esperar cinco minutos a que descargue tu home, no es un cliente interesante.

5) No descubras tu identidad.
¿Por qué vas a contarle a todos quién eres, dónde está tu empresa y cuáles son tus teléfonos, fax o e-mail? ¿Acaso ellos te dan los suyos?

6) Abusa de los frames.
No hay nada más bonito ni más práctico que una pantalla troceada como un crucigrama y llena de barras de desplazamiento de arriba abajo y de izquierda a derecha. No se trata de volver locos a tus visitantes, sino de evitar que se aburran viendo tu web. ¿Qué importa un dolor de cabeza a cambio de haber tenido el placer de navegar por su sitio?
7) No incluyas menús de navegación.
Otra forma de hacer que tu web sea divertida y original es convertirla en una adivinanza. Por eso no debes incluir menús ni el mapa de la web ni nada que aporte pista alguna a los navegantes. El que quiera navegar sin perderse, ¡que se compre una brújula!

8) Asegúrate de que los contenidos de tu web son inútiles, que no tienen nada que ver con lo que vendes y que, además, están completamente desactualizados.
Si tienes que darle algo gratis a tus visitantes, que se conformen con esos contenidos que copiaste hace un año de cualquier sitio. Y si quieren algo bueno, que lo paguen.
Tú tienes cosas más importantes que hacer que trabajar para que esos gandules se lleven tus contenidos sin pagar.

9) No utilices correctores ortográficos para los textos de tu web.
¿Qué importancia tiene una “h” más o menos? ¿O cambiar una “b” por una “v”? Tú estás por encima de esas minucias, por eso no debes molestarte en repasar tus textos ni en pasarlos por el control de un corrector ortográfico. Eso sería tanto como aceptar que tú puedes equivocarte.

10) Incluye algunos enlaces que no lleven a ningún sitio.
Poner enlaces en la web siempre queda bien, pero tener que estar chequeando constantemente si funcionan o no, es una lata. Así que no te preocupes ni siquiera la primera vez, porque en cuatro días se van a desactualizar. Invéntate unas cuantos enlaces y ponlos en tus páginas. Eso le dará mucho importancia a tu sitio, y si alguien se queja, échale la culpa a los que “cerraron sus páginas sin avisarte”.

11) No te molestes en capturar información sobre tus visitantes.
¿Para qué? ¿Acaso tú le das alguna información a ellos sobre ti? Y, sobre todo, ¿para qué quieres tú la dirección e-mail de nadie si no vas a molestarte en contactar con ellos?
Esta política tiene otra ventaja: nunca podrán acusarte de hacer spam.

12) Habla en tu web de lo más importante: tú.
No te importe lo que piensen o deseen tus visitantes, para ti no hay nada más importante en el mundo que tú, así que pon en tu web lo que tú quieras y lo que a ti te guste o te interese. No expliques lo que pueden hacer tus productos por quienes los compren, habla de lo inteligente que eres tú por haber creado esos productos tan buenos. Y, sobre todo, cuenta la historia de tu empresa con pelos y señales desde su fundación hasta hoy mismo. Seguro que tu abuelita estará muy interesada en conocer todos esos apasionantes detalles.

13) Evita cualquier forma de interacción con tus clientes.
Hay un proverbio que siguen a rajatabla muchos cibercomerciantes, que dice: “Los clientes sólo tienen derecho a pagar, porque, si me apuras, ni siquiera deberíamos enviarles el pedido”. Así que lo mejor que puedes hacer es no darles el más mínimo pretexto para que interaccionen contigo. Nada de consultas, nada de Servicio de Atención al Cliente, nada de F.A.Q, nada de direcciones e-mail en la sección “Contáctanos”, ¡nada de nada!
Imagínate que alguien te manda un e-mail, ¡estarías obligado a contestarle! Y si a pesar de todo alguien descubre que enviándote un mensaje a info@tudominio.com puede contactar contigo, ¡no se te ocurra responderle” No hay nada más peligroso que acostumbrar mal a los clientes. Pero si no tienes más remedio que contestar, te recomiendo que tardes, al menos, una semana. Así no volverán a molestarte.

14) Cuelga tu web sin chequear como se ve en diferentes navegadores.
El tiempo es oro, y el tuyo es más importante que el de nadie. Así que no te molestes ni pierdas el tiempo en chequear cómo se ven tus páginas en diferentes navegadores antes de colgarlas. Si has diseñado para Internet Explorer y los que usan Firefox tienen problemas para verla, ese no es tu problema.

15) No expliques nada sobre tu producto.
Si vendes algún producto no tendrás más remedio que exponerlo y aportar alguna información sobre él. Pero ¡cuidado! No des demasiadas explicaciones, que hay mucho listo en la red. Limítate a decir cuánto vale, pero no expliques qué es ni para qué sirve.

16) O explícalo todo, menos el precio.
Una alternativa al punto anterior es escribir un texto de 15 o 20 páginas sobre tu producto, en el que cuentes cómo se inventó, la historia de todas las materias primas de que está compuesto, quién fue la primera persona que lo compró y por qué, qué razones te impulsaron a comercializar ese producto, por qué no estudiaste arquitectura, que era lo que tu padre quería, la faena que te hizo tu primera novia cuando se largó con tu mejor amigo, lo preocupado que estás porque tu perra está en celo y no puedes sacarla a pasear, y cosas por el estilo. Pero eso sí, en este caso ¡no se te ocurra decir el precio del producto!
Si lo desvelas todo, ¿dónde estará esa chispa de interés y curiosidad que hace interesante la vida?

17) Crea una página de quejas de clientes.
Se afirma que incluir testimonios de clientes en la web da buenos resultados y aporta credibilidad. Pero a ti lo que te interesa es comprobar el nivel de fidelidad que tienen tus clientes contigo, así que te recomiendo que abras en tu web una página en donde recojas las quejas de todos los clientes que han quedado insatisfechos con las compras que te hicieron. Esa será una prueba de fuego para los clientes que te quedan. Si después de eso siguen comprando en tu web, ten por seguro que nada ni nadie conseguirá apartarlos de ti.

18) No des ningún tipo de garantías.
¿Servidores seguros? ¿Devoluciones? ¿Servicio posventa? ¡Tonterías! Que cada palo aguante su vela, y el que quiera comprar que asuma sus riesgos. ¡Hasta ahí podíamos llegar!

19) No incluyas en tu web sistemas de cobro on-line.
No te molestes en incorporar en tu tienda virtual pasarelas para pagos on-line con tarjetas de crédito. ¿O acaso no te has enterado de que los internautas tienen miedo de usarlas? Además, eso no te traerá más que complicaciones y gastos, contratar servicios de servidor seguro, certificados digitales y tonterías por el estilo. Y si alguien protesta, dile que lo haces para protegerles contra tanto fraude como hay en la red.
El que quiera comprar que llame a un teléfono (por supuesto, que no sea gratuito) y encargue de esa forma su pedido. Un teléfono que no debería estar operativo más que un par de horas al día, y el resto del tiempo debería tener un contestador automático que te recomiende llamar al día siguiente. Por supuesto, sin darte opción a dejar un mensaje grabado.
Y los pagos, que los hagan enviándote un cheque por correo ordinario. Que cuando tú lo recibas y lo tengas abonado en tu cuenta, ya le mandarás la mercancía.

20) Por último, asegúrate de que tus visitantes abandonan tu web completamente enfadados y desorientados.
No importa lo que hagas o cómo lo hagas. Tu objetivo debe ser que tus visitantes no se olviden de tu web, que la recuerden como la experiencia más caótica y desagradable que han tenido en la red.
Al fin y al cabo, lo importante es que hablen de ti, ¿no es cierto?

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